viernes, 20 de mayo de 2011

De regreso al país “socio.”




Cuando viajo a Canadá me acuerdo del mundo del que provengo. Vivir en el oeste dela Isla y salir de visita aún a una ciudad pequeña de Ontario me hace recordar que se puede vivir de otra manera. Me hace darme cuenta de que cada vez nuestro nivel de vida baja y baja y que este sistema que vivimos que es el desecho del capitalismo yanqui, nos condena cada vez más a pagar caro y más caro las porquerías que nos venden en los supermercados, digo y no solo en los supermercados, pero es que de eso escrbiré hoy.

Así, no puede creer que en una ciudad como London, que no es Vancouver, ni mucho menos todavía Montreal o Alberta, me convierto, sin quererlo y con vergüenza en una turista de supermercados y tiendas naturales. Me gusta la gente canadiense, disfruto que son afables, parleros, nada de paranoicos como los gringos, las ciudades tienen otro paso. Y a pesar de lo limpias que son sus ciudades, los hermosos campos que se puedeen recorrer, los aires europeos de algunos de sus pueblos, la nieve si es invierno, las flores si es verano, a pesar de todo eso, siempre donde más me extasío es en la variedad de sus supermercados.

Hace dos semanas visité un supermercado como decir Econo, que tenía dos inmensos pasillos, anchos como los almacenes donde en EU tienes que hacerte socio y pagar membresía, dos pasillos, decía, repletos de comida internacional,( nada de ethnic foods). Y comida internacional de veras, no las tres botellas de malta centroamericana o harina para tacos que es lo que te ponen en algunos supermercados en E.U. Allí encuentras comida tailandesa, judía, africana, árabe, centroamericana, hindú, etc, etc.

Tan pronto llego a London entro como en un templo a un supermercado natural que es mi visita más añorada: todo lo hacen allí, las sopas, las ensaladas, los Belgian waffles de verdad, no los de sabor a cartón que se consiguen en Puerto Rico y los restaurants gringos que en mi zona venden desayuno.

!Y los panes! Panes de orégano, de hierbas, de queso, de todo tipo de granos, brown, blancos, franceses, italianos, de flauta, baguettes. Y por supuesto, si vas a un restaurant o café, tienes las mismas opciones. Jamás nadie se te acerca a ofrecerte un seudo pan integral con color cremita porque en realidad no es integral , bien que sabemos que si lo buscas encuentras la harina enriquecida entre sus ingredientes. Si es de granos es casi color chocolate, si es rye, le encuentras el sabor.

Durante ese fin de semana fui por primera vez a un negocio que venden la comida por peso. Sinceramente que me parecía a Adán y Eva desc ubriendo el paraíso. Todas las harinas integrales del mundo, polvos para hacer sopas, pastas de todos los tipos y sólo una de harina blanca enriquecida, galletas, !platanutres!, arroz, igualmente de todas las clases. Y nada de obligarte a comprar cajas o empaques “multifamiliares.” Si quieres mucho, compras mucho, si quieres poco, compras poco. Y por supuesto, nada de membresías estúpidas, nada de tarjetas de identificación. Hasta te alquilan los moldes para bizcochos, no te obligan a comprarlos aunque nunca más los vayas a usar.


En cuanto a precios es caro, los precios son equivalentes a los nuestros; pero quién ha dicho que los pollos amarillentos que compramos, las venenos enriquecidos que nos venden, los jugos artificial everything y las sopas enlatadas con 7800 de sodio son baratos?

Si bien es cierto que Canadá es un paraíso de transgénicos, también es cierto que el consumidor o la consumidora, tiene derecho a saber. Están educados, deciden y hay políticas de información. Acá Monsanto se queda con nuestras tierras y pregunta por ahí cuánta gente le exige al gobierno ( y no pueden además porque en eso nos cobija la sacrosanta política de E.U de don’t ask don’t tell.) que se nos informe sobre lo que se nos vende en nuestros supermercados.

Para colmo, después de mi regreso, cuando me toca enfrentar de nuevo la realidad de nuestros supermercados, voy al de Don Moncho- a quien tanto he querido y defendido- y me reciben sin lechuguitas orgánicas, con las otras ( plan B, la americana, wao!) viejas y con agua brown en sus empaques, los pimientos verdes arrugados y, por si toda esa desgracia fuera poca, ¡sin papayas!, un fruto cuyos árboles crecen hasta en las carreteras de este país…

Si en San Juan tal vez tienen opciones, en la Isla ni pensarlo. Estamos demasiado ocupados decidiendo si compramos la res de Centroamérica o la llena de bacterias de E.U. Viene a cuento el chiste de los ecologistas europeos que incluye Cedar García en su ensayo “El pollo” y que parafraseo:
Se encuentran dos ecologistas, uno optimista y otro pesimista. El optimista dice:” Dentro de poco comeremos mierda.” Y el pesimista le contesta: “ Sí, pero no habrá para todos.”

Y volviendo a mi asunto, puede alguien decirme, ¿a cuál de todos esos mundos pertenece Puerto Rico?

(La foto no es mía, es de http://www.ecologismo.com. Si no quiere que la use, por favor, dígamelo y la retiro inmediatamente.)