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| http://alvarolopez50.wordpress.com/2011/02/13/el-arte-de-las-relaciones-publicas/ |
Hay que vivir
todos los días en este país para seguir viendo las mil caras del coloniaje.
Para ver cómo hasta permitimos que la gente que viene de afuera nos siente en
una esquina y nos lea la cartilla como si fuéramos niñitos.
Resulta que una
compañía de cable ha decidido promocionar sus paquetes de programación en
español con una campaña de “lecciones”
sobre lo que quienes le armaron la promoción denominan “español de primera.”
Resulta infamante que cualquier hispanohablante (si es que lo son) se sienta
con la autoridad de meter la cuchara en los asuntos de la lengua. La pregunta
que nos debemos hacer es si los científicos permiten que cualquier paciente o
fanático de las ciencias opine o pontifique sobre los asuntos de las
ciencias. Pero hay tan poco respeto por
el campo de la lengua materna que así son las cosas: dos o tres
mercadotecnistas se sienten en la libertad de usar lo que es un disparate o
para ser benévolos, una confusión, como eje de su campañita.
Los/as
especialistas en lingüística no saben ya de qué manera explicar que los/as
hablantes de una lengua son quienes dictan la pauta de lo que es norma en cada
país. Eso, por supuesto incluye qué palabras utilizan para denominar los
objetos, los fenómenos, las costumbres y las situaciones que les son comunes al
país. Lo único que eso quiere decir es
que si la mayoría de la gente, en consenso de hábito, nombra blower a una
secadora de mano, o matress a un colchón, o sándwich a un emparedado, no hay
Academia de la Lengua, purista o técnico de mercadeo que pueda, NI DEBA,
meterse en eso. La lengua sirve a sus hablantes, no al revés.
Sin embargo,
estos últimos días hemos sido bombardeados por diversos medios por una campaña
que, bajo el nombre de “Español de primera” nos indica con voz de maestra
autoritaria y esnob:
“No diga ‘Fui
window shopping y dejé un lisptick en lay- away.’
Dígalo bien… Fui a ver escaparates y dejé un lápiz
labial en sistema de apartado para pago
a plazos.” Esto último lo ennegrezco porque no puedo ni
imaginar la cursilería que se esconde detrás de esta pretensión.
En otras
versiones se nos recrimina por decir pool party, barbecue o highlights.
Estirando mucho
el chicle podría pensarse que es, como me dijo un amigo lingüista: una parodia.
Confieso que ese nivel de sofisticación no lo creo. Y mucho más para usarse con un público
que está acostumbrado a que se le meta en la cabeza que los/as puertorriqueños/as
“no sabemos hablar.” Cuántos de nuestros/as estudiantes no han tenido que
sufrir el purismo humillante y malintencionado de maestros/as tanto del patio, como extranjeros/as que
estigmatizan nuestra modalidad puertorriqueña del español. Y lo que es peor, cuántos de nosotros no hemos
ido a lugares de comida donde se nos corrige al pedir un “sándwich” o una
botella de agua, para repetirnos con “tonito” ‘botella con agua’, en lo que es
un fenómeno de ultracorrección, francamente, ridículo y absurdo.
Hace poco vi la
película NO, la que habla sobre las estrategias publicitarias de la campaña del
NO en Chile. Si algo deja claro la película es que la creatividad y el análisis
de público son la “fórmula mágica” de una campaña exitosa. Me pregunto si no hubiera sido más digno,
menos ofensivo, menos insolente y más creativo utilizar, con humor y respeto, algo
que, en efecto, se ha dado espontáneamente
en Puerto Rico con los televidentes de la programación televisiva que nos viene
de otros países hermanos.
Tengo dos
ejemplos: para los setenta, cuando el Chavo del Ocho invadió la televisión
puertorriqueña, recuerdo con cariño a mis sobrinas y sus amigos/as pedirles a
sus padres unas “tortas de jamón.” Y mucho más cercanamente todavía me río con
la invasión de camisetas en las fiestas de la calle San Sebastián con la
palabra clásica de Pablo Escobar en manifestaciones de todo tipo: “Estas
fiestas están bien b[v]erracas.”
La diferencia es
clara. No tiene que venir ningún publicista o compañía de cable a restregarnos
en la cara el supuesto “spanglish” o el poco dominio de la “corrección” en español
que ellos/as creen que padecemos los/as puertorriqueños/as. La programación en español es deseable,
estimada y más que bienvenida. Cómo cada televidente o cómo nuestro país
colectivamente se exponga, reaccione, disfrute o absorba esa programación es parte del
proceso espontáneo de interacción o recepción.
Basta ya de
groserías. Basta ya del dominio de los colonizados o de quienes se sienten en
derecho de comportarse como conquistadores y encima… quieren cobrarnos por eso.







