domingo, 11 de mayo de 2014

El día de las Madres

 
Otra vez aquí. Cada año me dispongo a espera si éste es el que es. Pero no… los anuncios con las mismas baboserías, las tiendas con las mismas ofertas. Lo único que se ha puesto al día es la oferta de celulares, porque justo es decir que cuando miramos para el lado, todos los Súper adultos ( como dice Martorell, que me encanta), andan luchando con sus celulares en todas partes. O sea que el mercado es más inteligente que, por ejemplo, los y las Alcaldes/as.
Y lo digo porque de todo, de todo, lo que más me irrita en los días previos al festejo son las famosas bohemias de pueblo a las “madrecitas.” Como escucho mucho la radio, oigo sus anuncios. San Germán, Cabo Rojo, Mayagüez y no quiero sonar irresponsable, pero creo que Cayey o Caguas andan en las mismas.
Me da gusto que los tríos de pueblo tengan oportunidades para guisar, pero sencillamente es imperdonable que la gente de Arte y Cultura o sus Jefes/as que da igual, sigan pensando que agradan a las madres de hoy, cuando, en realidad están agradando a las abuelas y cuidao si a las bisabuelas, ¡bendito sea el Señor!
Yo no quiero ir a una plaza a oír al trío tal o más cual. Lamento decirlo y aunque suene a herejía, no me gusta la música de trío. Sé que a mucha gente le gusta y qué bueno, pero no podría haber un poco de “inclusividad” en el agrado?
A mí, por ejemplo, me verían en una plaza si trajeran a Chabela, a Zoraida Santiago, a Edwin Colón Zayas y a su hermano Billy o con José Antonio López (NO, con su trío, que es muy lindo, pero no), al grupo de música típica del municipio de Caguas. Si trajeran a Roy Brown, también iría; igual a Pedro Guzmán. ¿Por qué no, un buen concierto con los grupos musicales de las Universidades? Cuidado que la orquesta de cuerdas del Colegio es bella, el Coro de la UPR de Ponce, igual, los Coros del RUM y de la IUPI. Bendito sea Dios, ¡!!vaya que sí hay oferta en este país!!! ¿Por qué no se les ocurre una tarde con un guitarrista clásico? ¿Por qué no una muestra de música de cámara? Precisamente porque no todo el mundo tiene el dinero para ir a las salas de bellas artes, pero los pueblos generalmente tienen sus teatros, ¿por qué no?
Caramba y si nos ponemos originales, ¿por qué no una buena titeretada de Déborah Hunt? ¿Por qué tiene todo que ser nostalgia de amores muertos, de hijos desapegados,  pero arrepentidos y de flores marchitas? ¿Por qué no una excursión ecológica? ¿Un día de museo? ¿Una bicicletada?
En lo que a mí respecta el GRAN regalo de madres, el MEJOR, sería que el alcalde trajera a Calle 13 y sólo las madres pudiéramos entrar!!!!!
 
 
 

martes, 17 de diciembre de 2013

En la farmacia del ex marido

http://www.thinkstockphotos.es/image/foto-de-stock-credit-card-padlock-and-laptop/153500190



Tuve un desagradable incidente en esa farmacia. Jamás compro medicamentos en esa farmacia, pero sí otro tipo de artículos. Necesitaba una tarjeta de regalo y sabía que, en donde vivo, era el único lugar donde podía conseguirla. Nunca había comprado una tarjeta de esas que son tipo tarjeta de crédito. Fui a la estantería, la seleccioné y fuimos a pagarla. Llegamos a la caja y como tenía otras cosas en la canasta las fui poniendo sobre el mostrador. Mientras yo hacía eso, mi esposo iba terminando la transacción con su ATH y la cajera. No estaba dando demasiada atención al proceso hasta que la cajera se dirige directamente a mí y me dice: “Ya sabe que esto no tiene devolución. Si la tarjeta sale dañada o algo, no hay devolución.” Obviamente ahí le pongo toda mi atención porque la tarjeta era de cien dólares. Le pregunto, oye, pero quién me responde a mí por esa compra. La mujer,  con cierta debilidad y susto, me repite el mantra. Entonces le digo, pues no, no quiero esa tarjeta, cancela esa transacción porque no me voy a quedar con ese riesgo. Lo que no sabía era que la cajera me había hecho la advertencia justo en el momento después que mi esposo ha apretado la tecla que finaliza la transacción de la ATH, ¡¡¡¡¡qué conveniente casualidad!!!

Le pido a la cajera que busque a un supervisor o supervisora y cuando viene el hombre ya viene con cara de condescendencia. Le explico lo que ha ocurrido y me dice que no se puede hacer nada porque ya la transacción se había completado y que ahora el dinero está en manos de la compañía de la tarjeta. Me quejo porque: 1. En la estantería NO hay ninguna advertencia que diga que la compra es final y no tiene devolución, 2. La cajera NO me hace la advertencia cuando llego a la caja y 3. Convenientemente espera a que se haya pagado para decirme que la compra es final. Añado que no estamos hablando de diez dólares, sino de cien y que es imposible que nadie me responda por mi dinero. El hombre sigue repitiendo su mantra como si yo fuera tonta o si fuera una niña a la que le tiene que explicar por qué no se come con los dedos. Insisto y le digo que voy a ir a DACO y , por supuesto, me invita con sorna a que vaya (para confirmarnos una vez más, lo que es DACO para esos mogules). Empieza a caminar hacia la caja para mostrarme con el papel su famosa teoría (que me repetía cada vez que yo abría la boca) de que ya el dinero se había cobrado, como si yo fuera imbécil. Se lo digo porque es obvio que el “gerente” está evadiendo los motivos de mi queja con argumentos que nada tienen que ver. El proceso es sencillo de entender y además, la explicación del proceso NO justifica la encerrona que, como consumidora, me hicieron.

Salí de ahí casi al borde de un infarto, humillada por haber sido maltratada, tratada con condescendencia, pidiéndole a Dios que la tarjeta no estuviera dañada, con todos mis derechos atropellados, dándole gracias a Dios por la esposa del ex , y sobre todo maldiciendo la economía del “servicio” donde el servicio es lo único que NO existe.

 

lunes, 30 de septiembre de 2013

¡Que la injusticia no nos sea indiferente!


¿En qué mundo estamos viviendo?
 
 
El Comité Pro Niñez Dominico Haitiana,  el Comité Dominicano de Derechos Humanos, el Centro de la Mujer Dominicana, el Movimiento de Unidad Obrera Dominicana, el Movimiento de Solidaridad Humana y el Grito de las/os Excluidos se unen al  reclamo internacional por el derecho a la nacionalidad de las/los dominicanas de ascendencia haitiana. Invitan a la comunidad dominicana y puertorriqueña a manifestar su indignación este martes primero de octubre a las 3:00 de la tarde, frente al Consulado Dominicano.

                             

Esta red de organizaciones de dominicanas y puertorriqueños repudia la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional Dominicano que legitima actos administrativos ilegales de la Junta Central Electoral (JCE) pretendiendo eliminar la nacionalidad dominicana a hijas e hijos de inmigrantes indocumentados desde el 1929 en adelante, afectando de esta forma los derechos fundamentales de más de cuatro generaciones de inmigrantes, en su gran  mayoría dominicanas/os de ascendencia haitiana.

 

La manifestación concluirá a las 6:00 de la tarde con una ofrenda floral en homenaje a la vida del destacado líder comunitario dominicano Saúl Pérez, defensor de los derechos de las/os migrantes, quién falleció  un primero de octubre hace seis años.  En homenaje y en reconocimiento a Saúl Pérez nos convocamos por el justo reclamo del derecho al nombre y a la nacionalidad de las y los dominicanos de ascendencia haitiana.

 

El Consulado Dominicano en Puerto Rico está ubicado en la avenida Ponce de León # 1606  en el edificio Cobián Plaza en Santurce.

 

 

 

domingo, 25 de agosto de 2013

Cuentos de la colonia. Segunda temporada. Dieciocho


http://www.juegosde-cocina.com/restaurantes/restaurant-de-bebidas-y-postres.php
Para que todo funcione…

Las cosas que publican en este país, la verdad es que dan repulsión. Creo que hemos visto cómo algunos/as reporteros/as meten la cuña con opiniones veladas y no tanto cuando algún político del patio dice algo que quieren ridiculizar o cuestionar. Por supuesto, léase bien: DEL PATIO porque cuando son los nórdicos,a ésos, a ésos se les cita o parafrasea sin chistar. De pronto parecen descubrir la distancia y la “objetividad.”

En El Nuevo Día del viernes leemos con incredulidad, al menos yo,  lo siguiente sobre la última “novedad” en colonizadores y competidores para nuestra cocina nacional:

Para asegurarse de que aquí todo correrá como un TCF en Estados Unidos, Overton dijo que la gerencia no será puertorriqueña, sino que ha traído a unos 15 gerenciales de otros estados para que operen el establecimiento en Plaza Las Américas. Algunos de ellos se mudaron a la Isla, y por ahora no hay una fecha para que regresen a Estados Unidos.

Bueno, un lugar donde para que todo funcione bien tiene que traer a la gerencia de Estados Unidos y descarta de plano la posibilidad de que nuestros/as gerenciales tengan lo que hace falta para lograr buenos resultados, debería tener como respuesta igualmente, una clientela de Estados Unidos.

En lo que a mí respecta ni 250 platos ni 1,300, lo que soy yo, no le pruebo ni el agua de Carraízo que pongan en un vaso. Total que estoy en récord *, aborrezco ese postre malhadado que está en todas partes y ha obligado a nuestros restaurantes a olvidarse de tanto postre rico que ha producido nuestra gastronomía a través de la historia.

*
Y para que así conste, a continuación reproduzco mi entrada de la Primera temporada del blog.

domingo 19 de julio de 2009




Quiero quejarme virulentamente del menú de postres de los restaurantes. Desde el advenimiento del cheesecake a nuestras playas (francamente no tengo clara la cronología) parecería que en esta bendita tierra no se puede comer otra cosa. Aunque veo con beneplácito que en nuestro país proliferan los restaurantes con platos deliciosos, ingeniosos, que le sacan partido y "refinan" los ingredientes más típicos de nuestra gastronomía (paté de morcillas, tostones rellenos de bacalao, majado de viandas,) los postres no han corrido la misma suerte. Qué cosa más decepcionante que llevar un menú perfecto desde los aperitivos, pasando por la sopita, el plato principal, preguntar el consabido: ¿Qué tienen de postre? y recibir la misma invariable respuesta, llena de orgullo y viveza como si estuvieran ofreciendo algún plato celestial: "pues tenemos cheesecake de guayaba, de guayaba y mangó, de chocolate, de pana y arroz… flan de vainilla, de calabaza, de coco y almendras.


Bendito sea Dios, un flan lo hace hasta un niño de pecho, y el cheese cake sea de New York o de Añasco sabe todo igual. Es una plasta de queso que te ahoga y te asfixia, que te cae al estómago como una camada de cemento con sabor.


¿Por qué no resucitan, reinventan, crean nuevos dulces l@s reposter@s de nuestro país? ¿Qué pasa con las escuelas donde estudian, l@s maestr@s que les enseñan, l@s estudiantes que se dedican a eso? ¿Por qué pueden inventarse hasta combinaciones ridículas o extravagantes para los platos, las ensaladas y los aperitivos, pero no usan la misma creatividad para los dulces que nos sirven al final? Y digo, que no se crea, que si usted saca cuenta y quiere ahorrar de veras en una salida al restaurante, no coma ni postre ni consuma bebida. Es precisamente ahí que se gasta la mayor parte de la cuenta. O sea que no es porque los postres sean baratos. Los postres no bajan de $5.00 no importa que sea el relamido cheese cake tradicional, es decir, la masa crema con sabor dizque a queso.


Por favor, examinen esta lista y díganme si no tengo razón:
Dulce de leche, dulce de pajuil, dulce de grosellas, turrón de coco, dulce de batata, tembleque, majarete, arroz con coco, mazamorra, sopa borracha, palitos de Jacob, bienmesabe, mazapán, queso caraqueño, merengue, budín, cazuela, yemitas, toronja en almíbar, ponqué, brazo gitano hecho en la casa, natilla, buñuelos de viento, tocino del cielo… 
 

Y eso que he mencionado los conocidos en nuestra época. Porque hay un libro maravilloso que se llama El cocinero Puerto-Riqueño o Formulario (reeditado, porque es de 1859) que tiene la siguiente lista:

Pudines de: olla a la cubana, leche, arroz, ñame, malanga, a la estrella, imperial, del país, habanero, de maíz seco, de mamey colorado.
Buñuelos de: la reina, de mamey de Santo Domingo, de monja o soplillos, de queso, de harina de maíz, de yuca, de malanga.
Ojaldres, tortas de chocolates, de avellanas, de almendras, de bizcocho, pestiños andaluces, rosquetes de maravilla, de Riego, de ojín, de Vélez, roscas, bollos y tortas de alfajor, dulce de higos chumbos en almíbar, cabellos de ángeles, dulce de cidra en almíbar, dulce de pomarrosa en almíbar, dulce de limón, de hicacos, de guanábana, ciruelas pasas en almíbar, jagua en almíbar, buñuelos griegos, manjar de Venus, manjar criollo, pensamiento habanero, espiroqueta principeña, suspiros pineros, arequipa del Guarico, dulce de jícama, turrón mexicano, cajeta de piña cubana, volín inglés, nueces rellenas, chongos poblanos, quesadilla (sí, son postres), leche imperial, alfeñique, bocadillo de leche, alegrías de coco, dulce de Indias, torta guayaquileña, quesillo de piña…


Teniendo toda esta riqueza de antes y ahora, ¿hay derecho a seguir comiendo cheesecake de guayaba o flan de calabaza todo el tiempo y en los 100 por 35?

 

 

 

sábado, 17 de agosto de 2013

A Ruth Merino y su experiencia parisina

http://www.citadines.com/en/france/paris/montparnasse/location.html?override_form=224
Creo que es propio de los seres humanos creernos siempre que tenemos la razón. Quizá por eso la mayoría de las personas que escribimos nuestras opiniones sonamos dogmáticos e irrefutables. 

Este es el caso del discurso utilizado por Ruth Merino en el Buscapié de hoy sábado en El Nuevo Día titulado “Puros cuentos”. Lo que es su experiencia muy personal queda convertida en una aseveración tan contundente que estigmatiza las experiencias diferentes a la suya como “leyendas urbanas.” Naturalmente que las leyendas urbanas son géneros muy reales, importantes y dignos de estudio, pero en el contexto de la expresión de Merino es negativo porque son sinónimo de “puros cuentos” (de hecho es el título de su columna).

Cuenta Ruth Merino que son leyendas urbanas eso de “que a los franceses les irritan profundamente los extranjeros que intentan hablar su idioma y terminan maltratándolo.” La misma categoría tiene “el supuesto rechazo de los franceses a que se les hable inglés.”

Me permito contar dos “leyendas urbanas” que espero que merezcan la categoría de estudio por algún o alguna folclorista parisino/a. Las viví yo en lugares emblemáticos de París  aunque Merino aduzca que un atributo de la leyenda es que parece cierto, pero  no es.  Merecen la misma credibilidad que la suya.

En al barrio de Montparnasse nuestro hijo se enfermó, quizá con un pollo medio crudo que le sirvieron en un restaurante de la ciudad.  Salimos por algunos cafecitos a ver si encontrábamos un agua mineral y al entrar a uno mi esposo intentó hacerse entender en francés. El hombre detrás del mostrador le puso cara de pocos amigos y lo ignoró. La segunda salida de mi esposo fue en inglés y eso fue todavía peor. El hombre, groseramente, le dio la espalda y se largó de allí. Todavía recuerdo la cara de impotencia de mi esposo y la furia contenida en su rostro. Estuvimos allí algunos segundos dilucidando mentalmente qué hacer.  Fue bien rápido porque un parroquiano le gritó al tipo y le dijo lo que queríamos. El hombre, con la misma cara de perro, buscó el agua mineral y salimos de allí en volandas.  El hecho de que un parroquiano nos ayudara,¿ podría tumbar mi argumento y darle la razón a Merino? Pues sigamos...

En otra salida, ya más emocionante, llegamos al cementerio de Montparnasse.  Me acerco a la oficina a pedir un mapa y como no hablo francés, me dirijo al celador en inglés para pedirle un mapa. El hombre se desfiguró y me gritó que se lo pidiera en francés.  Si el anterior le parece a Merino un “puro cuento”, espero que esta afirmación pronunciada con furia por un francés, seguramente tampoco “dispuesto a escuchar cada frase vacilante y a responder con paciencia infinita” sí cuente. 

Nuestra experiencia en París ha sido diversa, matizada por gente grosera,  y por gente simpática que nos ayudó amablemente a entender la complicada red de trenes de esta imponente ciudad.  Gente que nos atendía en inglés, gente que se enfurecía y gente, por ejemplo, que no sabía tampoco español, a pesar de que España es su vecino muy cercano.

No juzgo mal a los parisinos. Los puedo entender. Vivo en Cabo Rojo y cuando vienen las épocas de playa o vacaciones de feriados, NO me asomo ni al pueblo ni a los supermercados ni a nada que pase por la carretera 100. MUCHO menos a Boquerón o a Combate. No soporto la barahúnda de gente que toma por asalto el pueblo con aires de que el tiempo se detiene porque ellos/as están de vacaciones. Es el comportamiento del típico turista. No puedo ni imaginar lo que será vivir en una ciudad en que todo el año está secuestrada por turistas.

Por último me encantaría añadir otra argumentación sobre lo mismo. En una ocasión tuve de visita a una amiga muy joven de mi hijo. Una cubanamericana de Hialeah que me repetía que la gente aquí era muy tosca y que no tenía muchos modales. Su percepción surgía de que iba a cualquier sitio, si alguien la empujaba sin culpa  o por querer entrar primero ,  no pedía  disculpas, o abría un ascensor y la gente pretendía entrar sin esperar que salieran las personas de adentro, o bien le pasaban por en medio de ella y otra persona y no pedían permiso. Cosas como ésas que lamentablemente, yo también veía cuando las vivía.  La percepción de nuestra amiguita era la correcta a partir de su experiencia. Sin embargo, aunque yo me sentía avergonzada, sabía claramente que no se podía generalizar y decir, como ella, en su juventud que “los puertorriqueños” son groseros porque sería una injusticia hasta con nosotros sus anfitriones que la tuvimos con alegría y acogimiento por varios días en nuestro hogar.

“No hay nada mejor que un día detrás de otro”, decía siempre mi mamá. Resulta que, en medio de tanta violencia que tenemos en el país, nos llegó un amigo querido de visita a la casa.  Casualmente, cubano también. Estuvimos de playa en playa y de sitio en sitio buscando pescaítos frescos.  Pues día tras día nos topábamos con todos los puertorriqueños más educados y civiles de este país. En la plaza de Cabo Rojo, la gente pasaba y nos daba las buenas noches, nos decía buen provecho, nos saludaba. En cada restaurante o friquitín ocurría exactamente lo mismo, tanto en Joyuda, como en el Pollo Tropical de la Ponce de Léon  (me refiero a los comensales, por supuesto), como en Puerto Real.   Una experiencia adicional que es digna de mencionar: en una ocasión la conductora del tren urbano, nos esperó y nos explicó cómo abrir las puertas desde afuera porque llegamos y ya iba de salida. Y al regreso, esa misma conductora desde su ventanilla nos llamó la atención a que la entrada a la escalera eléctrica estaba mojada para que no fuéramos a resbalar. Ya hasta teníamos un relajo porque le decía que se fijara ¡en el tronco de recibimiento que le habíamos organizado! Aunque me sentí súper orgullosa, todavía ando preguntándome qué razón podría explicar ese cambio en la convivencia.  Supongo que la violencia nos lleva necesariamente de regreso a comportamientos más civiles.  Mis “leyendas urbanas” tienen dos tiempos: en tiempo de puertorriqueños/as groseros/as,  y en tiempo de puertorriqueños/as amables.

Así es que la experiencia de una no aniquila las vivencias de otros.  París es una ciudad hermosa, llena de gente igual que todo el mundo. Puerto Rico es un país hermoso lleno de gente como todo el mundo. Nuestras experiencias no pueden tildarse de leyendas urbanas, tal como las de otros no pueden despacharse igual.