lunes, 27 de diciembre de 2010

¡¡¡Que nos la devuelvan!!!


Lo siento, pero no me gusta. Al menos lo que he visto. Me refiero al Museo de Ponce después de su apertura. Era mejor, cuando era peor. Tener un museo más grande no necesariamente le ha conservado su personalidad. Ahora tenemos un museo igual a cualquier otro museo grande, y ya no es el Museo de PONCE, sin olvidarnos de que ser ponceño es, como dice el aborrecible, pero innegable bumper sticker en relación a los madrileños, un privilegio (y que conste que no soy ponceña, pero no soy mezquina tampoco). O séase que toda la gente que metió mano en la restauración del museo debió trabajar dentro de esa directriz, o al menos, cumplirla si se la dieron. Yo, repito, no he visto las salas, pero sí he visto algunos patios y sobre todo he visto lo que ya NO tenemos.

Muchas veces en mi vida he ido al Museo, he llevado amistades, he dado el viaje desde el oeste exclusivamente a comprar regalos de Navidad, tanto para adultos como para niños, como para mí, pero lo más que he hecho es ir a presentaciones de libros. Cuántas veces disfruté de conciertos de música clásica, folclórica, la impecable voz de Zoraida Santiago, presentaciones de libros de versos, lecturas y arreglos musicales, documentales, en fin, innumerables veces estuve ahí acompañada siempre de la infaltable figura del Rey Arturo.

Dios santo, ¡qué sala! Una de las salas de los prerrafaelitas, con piano incluido, la perfectamente diseñada para acogernos, para invocar la presencia de todas las artes a la vez. Y cada vez era más bella. Si siempre fue hermosa, todavía recuerdo la vez que llegué y encontré el cuadro, el infaltable, colgado en medio de paredes azul pavo. Sencillamente, no lo podía creer. ¿Acaso podía verse ese cuadro más majestuoso, más imponente, más nuestro? Pues sí, se podía, y ese color lo había logrado.

Llegar temprano a las presentaciones era parte del disfrute para ver con qué papelería nueva, con qué prendita de precio accesible, con qué juguete brillante o libro novedoso me agitaría el corazón la tiendita, obligándome a echar una mirada panorámica, pero eficiente, para ver y comprar antes de que las empleadas tuvieran que irse. Todavía revivo la transpiración y la hiperventilación en la exposición de Frida.

Consentía en salir de las paredes azules, al terminar las presentaciones, porque sabía que el caculeo en el patio contiguo era el cierre feliz de mis noches de museo. El fresco de la noche, el patio amplio y perfecto, la vegetación discreta, pero solidaria, no podía ser un espacio más digno, más nuestro, más redentor...
Con el corazón a millón me fui para Ponce un día… La reapertura, la escultura, los reportajes, el afán… La imagen blanca y brillante de adentro hacia afuera… ¡por fin, Dios mío, por fin! Una presentación. La tienda me recibía abierta, como siempre. El tiempo volvió a correr…

Jum… esto no pinta bien, semiovalada, reducida, poquísimos anaqueles, presentación aséptica y fría como esta noche ponceña. Nada del ataponamiento de mercancía, pero tampoco nada de la variedad y disfrute de antes. Una tienda de museo estándar más, una tienda de museo de ésas que entras por aquello de que no haya algo que te pierdas, pero que desde afuera sabes que no vale la pena. La mercancía igual, igual, igual: sosa, insípida. Una tablilla de libros, platos, adornos de cristal y lo más “novedoso” una bolsa con Flaming June y la mitad de la cara de Ednita. Por Dios, qué cosa fea. Si Ednita es tan icónica como Flaming June, o al revés, ¿no tenía más sentido dedicarle una cara de bolsa a cada cuál? Y la otra bolsa: “Daddy Yankee”, lo único que les faltó fue ponerle “Daddy Yankee visita el Museo” y me imagino que en inglés. ¿ Y por qué no una bolsa con el Cimarrón? Wao, wao, wao. La tienda tiene tres medias paredes de tablillas, un mostrador enorme y una o dos columnitas convertidas en mini curios. Mi consejo: o se buscan otro comprador/a o lo/a entrenan. Esa, para nada, es la tienda que esperábamos y ya sé que no soy la única que piensa así. No creo que sea buena la meta de competir con la del MAPR. Aquélla, aunque con poca personalidad, vende bellezas, pero incomprables. En la de Ponce francamente, no importa si tiene precios accesibles o no, que ni miré, porque lo que tienen ahora es una sosa y desgarbá.

Y aunque el pasme de la tienda fue grande, nada que ver con el shock de la sala de presentaciones. Había oído con interés en la radio que ese mundo pertenecía ahora a la sala de la Biblioteca, lo cual me pareció interesante y natural. Para lo que no estaba preparada era para entrar a una sala con nombre de Centro Comercial, una sala toda blanca que más bien parece un depósito donde colgar las obras en lo que van a otro lugar. Los cuadros están puestos como los pondría cualquiera sin gusto en una sala doméstica. Alguien esa noche comentó “Esos son los cuadros que no saben en dónde meter.” Yo me fijé que en el principal una mujer lee. O sea, ¿dijiste noche?, noche, playa… Dado que es la sala de las presentaciones de libros, pues es más digno un libro que un tipo muerto. Sí, ésa debe ser la lógica. El piano ahora luce interpuesto entre la mujer que lee y las sillas viejas y desiguales. Ya no es más parte del ambiente, sino un obstáculo. A la izquierda un ventanal enorme, enorme, que quienes han ido a actividades de día me dicen que convierte la sala en un cajón de empanadillas de cafetín o fiesta patronal. Un verdadero suplicio… Fea, fea la salita. Triste e inmisericorde.

Acabada la presentación, vamos a los piscolabis…

Bueno, ésa fue de veras la sorpresa mejor guardada. Salimos literalmente a un pasillo. Un pasillo del tamaño de los pasillos (balcones) de cualquier escuela pública que tenga más de un piso. Todos los entremeses en una mesa, en ese pasillo que NO tiene luz, o sea que si en vez de comerte un sándwich de pollo te zumbas un camarón, te enteras cuando no puedes hablar por el schock anafiláctico.

Y si mientras te tomas el vinito decides mirar el patio abajo, realmente no hay nada que ver, árboles sin gracia, un espacio abierto sin nada, salvo una gran máquina de vender agua que alguno más observador que yo alcanzó a encontrar.

Dadas las nuevas circunstancias de las partes que vi en el Museo, lo más hermoso y quita aliento que hay es la salida al estacionamiento. Mucho más funcional que antes, sus arquitectos paisajistas lo pensaron bien. La han sembrado de mirtos y da gusto imaginar cómo será caminar por ese largo trecho con todos esos mirtos despidiéndote con su olor.

sábado, 11 de diciembre de 2010

¿Dónde está la gente de Mayagüez y del oeste?




La Universidad está bajo asedio. Noticia no es. A los/as puertorriqueños/as parece que no se nos ocurre nada más para cumplir con el momento histórico que marchar. Patética respuesta del colonizado por definición que somos.

Y ya que el valor histórico y de medio de promoción social y cultural que tiene una universidad y que no habría ni que justificar nada más que en un país como el nuestro, dominado por vándalos y trogloditas; el valor económico no debería pasar inadvertido. Tal vez sería más efectivo si nos hiciéramos cargo de defenderla por zonas. Según las carreteras se adoptan, ¿los pueblos, no pueden adoptar sus Recintos? Y cuidado… que no se piense que es hacerse cargo económicamente de esos Recintos. Para eso bien que cumplimos con nuestra obligación contributiva, aunque Fortuño nos lo administra como le da la gana. No es de eso que hablo, se trata de defenderla organizada y sistemáticamente. Según la vida económica de Río Piedras (de día y de noche) y de Mayagüez existe, en gran parte, porque existe la Universidad, así imagino que será en Utuado, Cayey, etc. etc. Siendo así me pregunto, ¿a todo el mundo le da igual que la Universidad deje de existir?

Pienso, por ejemplo, ¿que será el Town Center sin el Colegio, que serían los hospedajes, condominios y apartamentos sin toda esa hemorragia de estudiantes que alquila y come todos los días, dos y tres veces al día en el comedor del Town?
¿Qué sería el Garabato y todos los demás friquis, pubs, cafetines sin toda esa muchachada que entra y sale y amanece entre sus paredes?
Más aún ¿que sería de la Cervecera India si toda la juventud de estas Universidades se largara para otra parte?

Bien que supo Mayagüez contar con los recursos del Colegio cuando los necesitó para el 2010. Bien que los ha usado cada vez que necesita trabajo duro, esforzado e inteligente. Bien que David Bernier, Felipe Pérez y José Guillermo Rodríguez corrieron a buscar el apoyo de sus profesores/as, y de sus estudiantes para el embeleco del 2010. Pero ahora, cuando la Universidad está sitiada, ellos están muy ocupados diseñando sándwiches de temporada, dilucidando si aceptan ser candidatos o pensando en si se visten de blanco otra vez o de otro color para los Panamericanos.

Y mientras los comerciantes de Mayagüez sacan pechito para amenazar a Fortuño si le pone el otro arbitrio a la India, no lo sacan para defender al Colegio. Lo propio debe hacerlo la gente de Río Piedras, Utuado, Cayey, Bayamón, Aguadilla, Ponce, etc, etc. porque seguro que es igual, viven del escaso dinero del estudiantado preso, pero ahora si te he visto ni me acuerdo.

Tal vez la honorable Perza no se entera de que casi todo Cabo Rojo estudia en el Colegio. Bien le valdría buscar esos numeritos y darse cuenta de que calladita NO se ve más bonita. Perza es penepé y a juzgar por el ambiente de primarias de su pueblo, los votos de esos estudiantitos y sus familias bien podrían hacerle falta. Porque no me parece que sus juntillas con Fortuño sean, en este momento de la historia, algo que le convenga recordarnos. Y ni se diga el desde ayer tan famoso Norman Ramírez. En vez de echarnos bendiciones que no le hemos pedido, le saldría mejor convertir su oficina en un centro de apoyo al Colegio, porque en estos momentos, según nos cuenta la radio, le conviene más que la gente lo vea defendiendo el Colegio que a Porta del Sol.

Dejemos ya de marchar y obliguemos a todos aquellos o aquellas que viven bien, gracias a la Universidad o cuyas existencias bien están sostenidas por la gente que asiste o trabaja en la Universidad, que exhiban un poco de decoro y de compromiso, si no ya con la educación de este país, a quien parece que a mucha gente no le importa, al menos con la existencia misma de sus habichuelas, sus privilegios y sus reconocimientos.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Gracias, René

La universidad significó para mí el lugar donde me convertí en otra persona. Dejé de ser popular por herencia para convertirme en independentista por convicción. Y aunque para los gatos persas de la vida de eso es que se trata la Universidad, de crear independentistas y por eso hay que cerrarla, no hay argumento más estúpido. Ya quisiera yo que la Universidad lograra concienciar a todo el que entra por sus salones. Sin embargo, habría que preguntarse, por qué con toda la gente que se gradúa anualmente de nuestra Universidad la independencia está con los números que tiene y por el contrario lo que más abunda en nuestro país es el enajenante discurso pitiyanqui?

Fue a través de la literatura y las contextualizaciones históricas que nunca volví a ser la misma. En mis años universitarios, a través de la literatura, desarrollé mi plena conciencia de ser latinoamericana. Aprendí mucho más porque también aprendí a entender la realidad de los indígenas de América del Sur. Todavía recuerdo y me estremece la poesía de Arguedas en ese maravilloso y único libro que es Los ríos profundos. Los indios y las indias del Perú se convirtieron en seres de carne y hueso que me enseñaron a entender mi realidad perfectamente unida a la de ellos/as. Nunca, ninguna clase de geografía o cultura me proveyó de una experiencia tan profunda, significativa y duradera.

Es por eso que nunca he dejado de considerarme primero y antes que cualquier cosa puertorriqueña latinoamericana. Nada de lo que acontece en mi país, ni siquiera mis años de estudio en EU me quitaron esa identificación. Mas bien, esa experiencia me la solidificó. Nunca me sentí más hispanoamericana que mientras viví en EU. Imagino que llevaba una formación sólida, una estructura bien armada que me permitió ver EU no con los ojos de la colonizada (aunque es una marca que, a pesar nuestro, llevamos todos) sino con los ojos de una discípula educada y criada por la mejor literatura hispanoamericana.

Luego de salir de la Universidad quedó en remojo mi "cotidianidad" indígena porque el trabajo es inmisericorde y porque en este país, como en todos, estar dentro de los muros universitarios como estudiante es una realidad distinta a estar en la calle como una trabajadora. Sin embargo, nunca interrumpí del todo esa relación, pues la mantuve con calor, a través de la música andina y a través de gente como Mercedes Sosa y más recientemente a través de los documentales de Telesur.

Por todo esto que explico no puedo casi ni describir la emoción que viví y sigo viviendo con ese último disco de René Pérez. Me gusta Calle 13. Disfruto con sana envidia el manejo potente de las palabras que tiene René. Me apabulla con gran emoción el manejo lingüístico que exhibe en cada creación, su habilidad para describir en un verso, su capacidad para rimas sorprendentes. En fin, es todo lo que mi formación literaria me adiestró para disfrutar y admirar. Es, además, la vocación de la escritura convertida en una nueva generación. Hasta lo que me pasma o me sonroja lo perdono porque es de una fuerza y una gracia que honradamente no puedo negar. Me paso el sofocón y sigo pa'lante convencida de que tiene razón y de que lo único que hace es seguir los pasos de quienes escribieron antes y nos explicaron el mundo con la misma energía y ruptura.

Pero a todo lo anterior tengo que sumarle la maravillosa experiencia de recobrar la experiencia familiar con Latinoamérica a través de sus canciones, de las letras, de la música y de las voces invitadas en ese disco. La mayor emoción es la de constatar que todavía gente como René( y seguro que muchas otras en un proceso íntimo como el mío), vive, de otra forma, a través de viajes* y conversaciones, lo que viví yo a través de la palabra escrita. René hoy día, en este viejo y agotado siglo XXI (al que estamos ya deseosos de despedir), ha sabido comunicar magistralmente la realidad de Latinoamérica, tanto en su territorio continental como en su realidad migrante. No me cabe en el corazón el orgullo de que un joven puertorriqueño, precisamente, en estos momentos de enajenación, idiotización y servilismo que vivimos en este país, levante su voz y ésta resuene en ipods, itunes, cd, LCD, computadoras y teléfonos celulares. Su voz es Puerto Rico y Puerto Rico se valida ante nuestros hermanos latinoamericanos con exquisita fuerza, a pesar de algunos muchos que prefieren validarse ante Estados Unidos con sus American Idols y la comida "fusión".

Quienes no han oído ese disco todavía, háganlo y presten atención a todas las canciones, pero sobre todo a "Latinoamérica" y "Hormiguero."

Así las cosas, aunque sin espacios para presentarse en San Juan, René Pérez y Calle 13 son los nuevos golden retrievers al servicio de nuestro país, pero con micrófonos y sin jefes!!!!





*Otra producción que no deben perderse es el dvd de ese viaje de "reconocimiento" latinoamericano que hicieron Residente y Visitante. Es maravilloso!!!