
Aunque no se me dio el plan que propuse para rescatar el espacio que dejó Borders, todo parece indicar que las librerías de Río Piedras están tratando de hacer algo para atraer ese público. Vi que en el mes de diciembre se inventaron una Feria del libro puertorriqueño y que lanzaron las consignas de regalar un libro en Navidad. Eso está muy bien. Quienes, desde que el tren existe, tenemos la costumbre de ir durante la Navidad a Río Piedras, sabemos qué delicioso es ese viaje y qué divertido ver cómo año tras año, vemos crecer la posibilidad de una verdadera “hora pico” en ese tren. Río Piedras está bastante bonito y los grafiteros han hecho su parte en la calle de las librerías. Por supuesto, ya empieza a notarse que hace falta el mantenimiento.
A la actividad fui de día porque siendo “de la Isla” mis actividades en San Juan siempre son de día. Así es que de lo que por la noche pasó no puedo contar. Mi experiencia en la librería de la esquina fue como siempre: una gama maravillosa de libros, la ilusión de que regresaré cargada de libros y el terrible desengaño de salir con uno, si acaso. Siempre vuelvo, les compro libros por correo, ¡con un servicio excelente!, pero allí, allí, salgo corriendo…
La librería necesita funcionalidad, no orden, orden tiene. Es una tortura china mover la cabeza como si fuera biónica hacia arriba y hacia abajo, de un lado y del otro para ver según los títulos están de un lado o del otro. Ya me han explicado que los lomos en español y en inglés no están de la misma dirección, pues caramba, usen el ingenio: coloquen los libros con otra organización, quizá por materia y por idioma, quizá horizontales en vez de verticales. Es lo que me agota y me saca de buscar. La gente que gusta de las librerías va a dejarse sorprender, no siempre con algo en mente. Es poco probable que un libro te atrape así.
Aprovechando el asunto de que la gente quiere tener un sitio dentro de la librería para comer, esta librería ha puesto las mesas más ordinarias que pudieron encontrar con las sillas que les hacen juego. Parece un comedor escolar. Encima en lugar de ponerlas en el medio, han dejado las mesas de los libros en el medio y han colocado las mesas para comer frente a los estantes de literatura puertorriqueña. Es decir, que si, como yo, eso es lo que buscas, además del juego con la cabeza debes meterte en medio de la conversación y el plato de comida de quienes están en las mesas. ¿Quién es tan freak de los libros como para sortear todos esos inconvenientes?
Y esto no lo digo yo, pero mi esposo sí se lo oyó decir a un señor en tono de resignación: “Aquí no se puede comprar nada” (naturalmente refiriéndose a los precios). Sobre esto tengo algo que decir. Borders NO era barato, los libros NO son baratos. En Madrid los libros NO son baratos, en Chile NO son baratos, en México NO son baratos, ya no hay libros baratos, punto. Sin embargo, si esta librería está tratando de ocupar el vacío que dejó Borders, bien puede usar el sistema de cupones. Un incentivo, una rebajita periódica (real, pliz, no aplicable a los libros que nadie compra), eso no estaría nada mal.
Creo que es obvio que esta librería tiene su público, han sobrevivido los embates de la economía y han logrado mantener la chiquita en el Viejo San Juan (he aquí una monería de librería, esta última versión que han montado, organizada, navegable). No obstante, hay maneras sencillas de atraer la clientela que Borders formó y dejó y hay formas simples de hacernos la vida agradable a quienes periódicamente damos un viaje a San Juan para visitarlos.
La otra, el almacén de libros… de ésa ni hablar. Hay cinco veces más libros que pies cuadrados. ¿Qué puede hacer un/a cliente/a allí? ¿Pedir libros en un mostrador, como si estuviera en una panadería pidiendo la libra de pan y la cuarta de jamón? Sí, tal vez es como el “Soup Nazi” de Seinfeld. Si no sabes lo que vas a pedir, no vayas…
Bien, por abrir los ojos y darse cuenta de que hay posibilidades; mal, mal, mal por pensar que todo se dará gratis.
La imagen no es mía, es de: http://www.blogardulceblogar.com/wp-content/uploads/2009/05/estanteria.jpg. Si no quiere que la use, dígamelo y la retiro inmediatamente


Le felicito por plantear el tema de manera original. La libreria de norberto parece panaderia, la tertulia una carcel hacinada por lo del orden..En ninguno de esos espacios es divertido ir a buscar un libro...I del almacen? Realmente un basurero libresco.
ResponderEliminarMiemtras las librerias continuen en esa onda, no muchos/as se molestaran en llegar a sentirse como en un restaurant de esos que no existe el elbow room.
Suerte i exito en sus proyectos!