sábado 19 de febrero de 2011

¿Quién entiende nuestras lágrimas?


Todo el mundo está patidifuso porque se va la gran tienda de los libros. Aunque una se salvó, las otras no. En materia de libros hace mucho tiempo que lloré todo lo que iba a llorar. Lloré cuando se fue aquel maravilloso revolú que era Thekes, lloré cuando Cronopios se convirtió en una caja de 4 paredes donde la gente te perseguía como si te fueras a robar algo, siempre. Y lloro porque no entiendo por qué La Tertulia no se merece tener un espacio tan grande y tan extendido como las librerías Gandhi en México. Lloro porque tampoco entiendo por qué las librerías de Río Piedras han tenido que sofocarse a vivir sólo de los libros de texto.

Pero, por lo visto, los sofisticados “amantes de la lectura” que van a estrujar los libros y a dejarlos tirados cuando terminan de tomarse el frappé, porque NUNCA les interesan tanto como para comprarlos, ésos sólo lloran por la Grande. Sólo lloran por la grande el montón de “bibliófilos” que se estiran en las alfombras, haciéndonos el “show” de que no pueden vivir sin el libro, pero que se leen los libros a costa de que otra gente se desanime ante tanto lío por buscar un libro que, de veras, se compraría si lo pudiera encontrar.

Yo no lloro por una librería que considera los textos puertorriqueños algo tan poco importante que puede hacer un pedido especial de libros de E.U. pero NO de los puertorriqueños. Si no los hay, arréglatelas porque ésos, ésos no se pueden encargar.

Tampoco lloro por una librería que en sus proyectos de animar la lectura, la animaba en inglés, ofreciéndole a su clientela comprar libros infantiles en INGLÉS para enviarlos a los niños necesitados de materiales de lectura. Y ganas me daban de llorar cada vez que quería buscar un libro para regalar a un niño o niña de mi familia y tenía que pasar horas enteras tratando de encontrar algún buen libro escrito por nuestros/as autores/as puertorriqueños o hispanoamericanos/as, entre las mil y una versión de The Three Pigs o Cinderella o peor aún Harry Potter.

Y lloro porque siento que mientras la clientela de la gran librería aceptaba todo lo que Ella le dictaba, si presentaciones de libro había, a presentaciones había que ir, si mesas de ajedrez había, pues ajedrez manda jugar, esa misma clientela es incapaz de montarse en el tren e ir a una presentación en La Tertulia, esa misma clientela fiel es incapaz de hacer grandes y largas filas para comprar las últimas novelas, los últimos estudios históricos y políticos de nuestros/as investigadores/as más rigurosos/as y los hermosos libros infantiles que se siguen publicando en nuestro país.

Lloro por los empleados y empleadas nuestros que perdieron sus trabajos, por ésos lloro y mucho, claro que sí, pero por cómo nuestro dinero se ha ido volando, volando a enriquecer a otro mercado y ha contribuido a enterrar el nuestro, por eso ni una lágrima. Por eso, sólo extrañaré los cupones, porque mi gasto se limitaba a los días en que había un cupón.

¡Quiera Dios que se abra un espacio igual de magnífico para nuestras librerías!

La imagen no es mía (http://bubok.com). Si no quiere que la use, comuníquese conmigo y la retiro inmediatamente.

2 comentarios:

  1. Ojala y se abra un espacio local, ojala. Y que bueno que puede celebrar un an~o luego del susto grandisimo del terremoto, que bueno que esta aqui con nosotros.

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  2. Mariena: Lo del espacio local, quiera Dios. Economía de aquí es lo que nos hace falta, es lo que nos levantará. Nada más.
    Lo de estar aquí, gracias, gracias.

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