
Parece caro El velorio no vela. Cuando lo tuve en mis manos dije, contra, casi 60 dólares y ¡con esta encuadernación! (de argolla) ¡Qué fuelllte! Lo compré cuando me llegó el último cupón de Borders con 40 %. Lo digo con pena porque entiendo el mercado del libro y entiendo qué mal andan las cosas en ese mundo, Martorell tiene gran estirpe en nuestro mundo cultural y el tema me apasionaba. Pero… 50 y pico en plena Navidad es de alta consideración. Esperé el cupón, esperé y llegó. Salí corriendo a comprármelo…
Dedico una entrada a este libro porque es, de veras, una maravilla. Maravilloso el texto, maravilloso el trabajo gráfico que lo acompaña. Las argollas son de la menor consideración, de veras. Y el precio justo, más que justo según disfrutas la deconstrucción visual del cuadro de Oller, página a página en este originalísimo libro. Estuve en una presentación en que la Dra. Laura Bravo decía con mucha razón que este podría ser un libro para niños, aunque OBVIAMENTE, no lo es.
El plan del libro es poner a hablar a los personajes del cuadro de Francisco Oller. Martorell inspirado en técnicas que otros escritores ya han usado, la dirige a nuestro preciado tesoro, Un velorio de angelito, cuadro que todavía conserva el Museo de la UPR. Y en su libro hablan, no sólo los personajes del cuadro (el cura, el gato, la mesa, el paraguas rojo…) sino el color rojo, el azul…; el guardián que vigila el cuadro en el museo; la espátula, el lienzo, el trapo, el aguarrás… Es casi increíble que Martorell haya podido mantener el interés de quien lee en casi todo el libro, con un procedimiento tan peligroso y sobre todo tan exhaustivo: 63 personajes que hablan sobre su relación con el mismo cuadro página a página. Y las páginas de al lado te muestran cada vez, el cuadro con el personaje en cuestión solo, solito, destacando su dominio en el lienzo.
No es sólo que Martorell demuestre su ingenio, que nadie nunca lo ha dudado, es que nos regala un curso de apreciación del arte como no creo que pueda darse en ningún salón de iniciación en el disfrute y entendimiento de la construcción del arte pictórico. En primer lugar, y por eso Bravo decía que parecía un libro para niños, cuando hablan los instrumentos del pintor, Martorell de forma jocosa, pero precisa y con autoridad (por juntar en el libro el oficio de escritor, con los oficios de pintor y maestro) va explicándole a quien lea, la importancia y el papel que juega en el desarrollo de una pintura elementos tan poco cotizados como un trapo o el aguarrás. Nadie nunca había logrado interesarme tanto en el PROCESO previo al disfrute estético de una pintura como este libro: “Cómo anhelaba yo ese momento cuando mi modesta función de limpieza se convertía en acto de creación.” (dice el trapo en la pág. 228). O “Mientras tanto yo me iba secando con lánguida lentitud, agotado y feliz, adormecido, anestesiado, impregnado como estaba por el solvente coloreado, deslizándome con lentitud en el sueño de los justos sobre el lecho alborotado de la mesa.”) Los ignorantes del proceso de concebir, esbozar y pintar un cuadro, como yo, gozarán leyendo de manos de un pintor, el proceso, su proceso y el proceso imaginado de Francisco Oller a través de la creación de Martorell. Es como tener un maestro pintor residente sólo para ti cuando lees.
He gozado INTENSAMENTE la lectura de este libro. Me ha encantado imaginar cómo lo concibió. Admiro y no ceso de admirar su capacidad para compartir con quien lee las observaciones como pintor, estudioso del arte, espectador y puertorriqueño esta maravilla de cuadro que es Un velorio de angelito. Habiendo visto varias veces este cuadro, el verdadero, de pie y frente a frente, este libro me ha hecho descubrir TODO lo que, en mi ignorancia, no había notado; me ha explicado las decisiones que muy probablemente estuvieron detrás de su confección y me ha hecho valorar, mucho más de lo que impresionistamente ya había valorado el cuadro de nuestro importante y admirado Francisco Oller. Y, por si esto fuera poco, me ha hecho entender la importancia en la perspectiva, pero también en la narrativa del cuadro, elementos tan lejanos como las pequeñísimas nubes por las ventanas o tan llamativos como la vara del lechón y el lechón, formando una cruz con la viga del techo.
No sólo hay toda esta divertida, importante e iluminadora reflexión sobre este tesoro del arte pictórico puertorriqueño, sino que Martorell se lanza a narrar algunas controversias entre los personajes del cuadro o entre los personajes del libro. Son esas las partes que justifican el juego de velorio, no vela, novela. Todos velamos al cuadro y a los personajes, el cuadro nos vela como espectadores y los personajes velan y son velados. De paso, Martorell, el narrador, nos cuenta las interioridades, conflictos, pasiones y deseos de estos personajes del Puerto Rico del XIX. Así es que parte del interés de quien lee puede sostenerse también en la narración que hay entre sus páginas.
Creo, como la doctora Bravo, que enseñar arte a nuestros/as niños/as es importante. Si nuestros niños y niñas aprendieran todo esto sobre el oficio del arte y sobre el disfrute estético, este país sería diferente como lo son otros tantos países cuya niñez aprende a convivir con el arte, como conviven los nuestros con las megatiendas y los wii. Creo, igualmente, que ejercicios como éste que ha hecho Martorell nos muestran que nuestro país es como es porque tiene sus miras puestas en un horizonte hueco e improductivo. Si nuestro país supiera cómo convertir la “oscuridad” en un personaje que brilla (como lo hace Martorell al darle voz a la “oscuridad.”) no habría Fortuños ni penepés de Bonitillos que pudieran destruirlo. Pero, ellos lo saben y apuestan a la ignorancia a la desensibilización no sólo de los adultos, sino peor aún de nuestros niños y niñas para que el desmadre esté asegurado.
Compren el libro, disfrútenlo, porque esta entrada no le hace justicia al libro*, regálenlo y hagamos algo para tener gente distinta en nuestro país, a pesar de quienes nos gobiernan. Contra la educación, contra la sensibilidad y la mirada crítica que salen de ambas, ¡contra eso, NO podrían!
*Hay capítulos divinos, mucho más que el del trapo, sobre todo al principio del libro, pero no quiero arruinar el embrujo del libro.


Muy buena entrada, me has convencido de comprar el libro para leerlo cuanto antes y para regalarlo. Gracias por compartirlo.
ResponderSuprimirSí, eso es. No te arrepentirás. Gracias!
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