domingo, 5 de diciembre de 2010

Gracias, René

La universidad significó para mí el lugar donde me convertí en otra persona. Dejé de ser popular por herencia para convertirme en independentista por convicción. Y aunque para los gatos persas de la vida de eso es que se trata la Universidad, de crear independentistas y por eso hay que cerrarla, no hay argumento más estúpido. Ya quisiera yo que la Universidad lograra concienciar a todo el que entra por sus salones. Sin embargo, habría que preguntarse, por qué con toda la gente que se gradúa anualmente de nuestra Universidad la independencia está con los números que tiene y por el contrario lo que más abunda en nuestro país es el enajenante discurso pitiyanqui?

Fue a través de la literatura y las contextualizaciones históricas que nunca volví a ser la misma. En mis años universitarios, a través de la literatura, desarrollé mi plena conciencia de ser latinoamericana. Aprendí mucho más porque también aprendí a entender la realidad de los indígenas de América del Sur. Todavía recuerdo y me estremece la poesía de Arguedas en ese maravilloso y único libro que es Los ríos profundos. Los indios y las indias del Perú se convirtieron en seres de carne y hueso que me enseñaron a entender mi realidad perfectamente unida a la de ellos/as. Nunca, ninguna clase de geografía o cultura me proveyó de una experiencia tan profunda, significativa y duradera.

Es por eso que nunca he dejado de considerarme primero y antes que cualquier cosa puertorriqueña latinoamericana. Nada de lo que acontece en mi país, ni siquiera mis años de estudio en EU me quitaron esa identificación. Mas bien, esa experiencia me la solidificó. Nunca me sentí más hispanoamericana que mientras viví en EU. Imagino que llevaba una formación sólida, una estructura bien armada que me permitió ver EU no con los ojos de la colonizada (aunque es una marca que, a pesar nuestro, llevamos todos) sino con los ojos de una discípula educada y criada por la mejor literatura hispanoamericana.

Luego de salir de la Universidad quedó en remojo mi "cotidianidad" indígena porque el trabajo es inmisericorde y porque en este país, como en todos, estar dentro de los muros universitarios como estudiante es una realidad distinta a estar en la calle como una trabajadora. Sin embargo, nunca interrumpí del todo esa relación, pues la mantuve con calor, a través de la música andina y a través de gente como Mercedes Sosa y más recientemente a través de los documentales de Telesur.

Por todo esto que explico no puedo casi ni describir la emoción que viví y sigo viviendo con ese último disco de René Pérez. Me gusta Calle 13. Disfruto con sana envidia el manejo potente de las palabras que tiene René. Me apabulla con gran emoción el manejo lingüístico que exhibe en cada creación, su habilidad para describir en un verso, su capacidad para rimas sorprendentes. En fin, es todo lo que mi formación literaria me adiestró para disfrutar y admirar. Es, además, la vocación de la escritura convertida en una nueva generación. Hasta lo que me pasma o me sonroja lo perdono porque es de una fuerza y una gracia que honradamente no puedo negar. Me paso el sofocón y sigo pa'lante convencida de que tiene razón y de que lo único que hace es seguir los pasos de quienes escribieron antes y nos explicaron el mundo con la misma energía y ruptura.

Pero a todo lo anterior tengo que sumarle la maravillosa experiencia de recobrar la experiencia familiar con Latinoamérica a través de sus canciones, de las letras, de la música y de las voces invitadas en ese disco. La mayor emoción es la de constatar que todavía gente como René( y seguro que muchas otras en un proceso íntimo como el mío), vive, de otra forma, a través de viajes* y conversaciones, lo que viví yo a través de la palabra escrita. René hoy día, en este viejo y agotado siglo XXI (al que estamos ya deseosos de despedir), ha sabido comunicar magistralmente la realidad de Latinoamérica, tanto en su territorio continental como en su realidad migrante. No me cabe en el corazón el orgullo de que un joven puertorriqueño, precisamente, en estos momentos de enajenación, idiotización y servilismo que vivimos en este país, levante su voz y ésta resuene en ipods, itunes, cd, LCD, computadoras y teléfonos celulares. Su voz es Puerto Rico y Puerto Rico se valida ante nuestros hermanos latinoamericanos con exquisita fuerza, a pesar de algunos muchos que prefieren validarse ante Estados Unidos con sus American Idols y la comida "fusión".

Quienes no han oído ese disco todavía, háganlo y presten atención a todas las canciones, pero sobre todo a "Latinoamérica" y "Hormiguero."

Así las cosas, aunque sin espacios para presentarse en San Juan, René Pérez y Calle 13 son los nuevos golden retrievers al servicio de nuestro país, pero con micrófonos y sin jefes!!!!





*Otra producción que no deben perderse es el dvd de ese viaje de "reconocimiento" latinoamericano que hicieron Residente y Visitante. Es maravilloso!!!

2 comentarios:

  1. Yo tambien estoy jukiao con el cd. Me gustan todas. Tantos ritmos distintos hacen de Residente y Visitante unos genios de la musica latinoamericana.

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  2. Sí, estoy muy de acuerdo con lo que dices.

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