sábado, 31 de julio de 2010

Porque se supone que somos una isla.


Hace varios años empecé a ver con sorpresa que en el mismo Mayagüez, donde ya se hablaba de un “Paseo tablado” y de rescatar el mar para el “disfrute del pueblo” (huy, lo mismo que dice ese Barrabás, que alcaldea Barceloneta), había empezado a proliferar la idea de sembrar árboles a todo lo largo de la orilla del mar. El resultado inevitable, a pesar de haber desarraigado a tanta gente y haberles quitado sus casas de toda la vida, era que el tan anhelado mar, no se vería, pues quedaría totalmente opacado por las copas de esos árboles cuando crecieran.

Tuve la oportunidad de escuchar una explicación: se sembraron para evitar la erosión. Imagino que es la misma razón por la cual la orilla de todo ese litoral mayagüezano, tan famoso en estos tiempos, está relleno de murallas de piedras. No sé si la única manera de evitar esa erosión es sembrando árboles, pero no conozco ningún malecón, boca de bahía o brazo de mar al pie de una población que esté cubierto por árboles. Los malecones, bahías y mares se disfrutan sin obstáculos visuales en lugares como Barcelona, Cuba, República Dominicana , Galicia, etc.etc. Mayagüez y Cabo Rojo han hecho lo imposible para evitarnos el mar. Desde muchos años, la construcción de casitas de playa privadas y de mansiones y condominios más recientemente han logrado de facto y violando la ley que a nadie le importa y que seguramente pronto no existirá, que se nos niegue el acceso al mar, tanto para bañarse como para mirarlo.

Resulta que entre los pocos beneficios del 2010 es que podamos ver ampliamente el mar, pero ya viene alguien detrás sembrando árboles en las carreteras para que sean esta vez los árboles los que nos impidan la vista. Para que quede bien claro, estos árboles se están sembrando a lo largo de la carretera 102 que va de Mayagüez a Cabo Rojo, por donde normalmente usted va en carro y vería el mar desde el carro, no a pie. . Pero... en el paseo del Litoral donde hay bancos y senderos, es decir, donde se necesita SOMBRA, para que la gente camine y se siente, ahí están las raquíticas palmas que tanto he criticado. Cada vez más secas, más feas y menos necesarias.

La relación que tenemos con el mar no hay quien la entienda, la verdad. Conocí un gallego que se escandalizaba por la cantidad de gente alérgica a los mariscos que conocía en Puerto Rico y específicamente en Mayagüez. Decía que eso no podía ser, que no era normal en una isla rodeada de mariscos en donde debía ser, quizá todo lo contrario. Y Ángel Collado Schwarz en su excelente artículo "Un archipiélago sin marisco fresco”, traza y cuestiona la suerte cada vez más precaria de la pesca en Puerto Rico.

Cubrimos la hermosa vista del mar con árboles, le damos la espalda al privilegio de tener un mar en todas partes accesible y visible. De pronto un día lo miramos y decidimos quitárselo a quien lo vio primero y quien los disfrutó cuando no nos importaba. Creamos un gran espacio “para el disfrute de todos”, pero los obligamos a sufrir el sauna de una costa bajo el sol inmisericorde de las tres de la tarde. Sacamos de carrera a quienes pueden usarlo como medio de subsistencia y les demolemos los lugares donde podríamos aprender a venerar ese mar que tan poco entendemos.

¿Será verdad que los que mandan en este país entienden la geografía que gobiernan o será que estamos todos en el Mayagüez y la Barceloneta de Second Life?

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