
Pagué los ciento y pico por ver a Silvio en Arena. Yo, que aborrezco el Choliseo. He ido tres veces: en la primera, por $25.00 y casi colgada de la lámpara del techo, me disfruté a Juan Luis Guerra; la segunda, por noventa y pico en un sitio cerca, pero no lo suficiente como para no tener que usar binoculares, sufrí a Andrea Bocelli por darnos un show como si hubiera estado en Massachussetts. Me puse cenizas sobre la cabeza y decidí pagar porque hace trece años me negué a escuchar esas guitarras de Silvio en el estadio Hiram Bithorn y bueno... me lo hicieron pagar caro, me hicieron esperar trece años. Pensé que siendo arena, tendría el disfrute asegurado. JA, JA!
En efecto, eran buenos asientos, con el escenario vacío ya vislumbraba una buena vista. Lo primero que ocurrió fue que al frente se nos sentaron los primeros dos tórtolos que han obtenido el permiso oficial del Senado para comprar kentockitas. Las están comprando desde antes de hacerse la bariátrica. Ya la buena vista se largó para saben dónde porque tuve que estar luchando a la izquierda, a la derecha, al centro, para atrapar donde estuviera el triangulito que me permitiera enfocar a Silvio. Si la canción era meliflua, allá te va damisela en brazos y yo a buscar la visión hacia la izquierda; si Silvio comentaba algo polémico dos cabezas juntas boca en oído y mi visión estaba solamente en la gran pantalla. Así, toda la noche.
Mientras aprendía a dominar el arte de no perder ni un segundo la vista al escenario, se me acomodó al lado otra parejita. Tan pronto apagaron las luces y empezó el primer acorde, el joven dio su primer LA. Cantó a grito tendido TODA la noche, en mi oído derecho, TODAS las canciones que se sabía ( y eran muuchas). Dos cosas así eran too much, así es que aunque me cogí suplicándole que, al menos cantara un poco más bajito, luego me acostumbré porque TODO el mundo estaba cantando las canciones. Eso logró la maravilla inesperada, Silvio 2.0 se calló. Pero, no dejó de avasallarme golpeando su muslo izquierdo que brincaba nerviosamente hacia arriba y hacia abajo, con mi muslo derecho, en esas condenadas sillas que no se pueden despegar una de la otra. Es decir que por ciento trece dólares él tenía silla y media, mientras yo, por lo mismo, tuve media silla.
Viviendo en esta Isla aprendemos a sobrevivir, determinada como estaba a disfrutar del concierto, poco a poco fui desarrollando mantras, respiraciones, imágenes mentales sustitutivas y todo aquello que está en la tan celebrada “caja de herramientas” personal. Estaba ya controlada, hasta relajada cuando empezaron los vendedores ambulantes entre “Mariposa, mariposa” a gritar en voz en cuello: CERVEZA, CERVEZA, CEEERVEZA!!! en medio del pasillo mientras arrastraban las ruedas de sus cilíndricas neveras. De aquí, pa’llá, de allá pa’ cá. Toda esa gente que estaba a mi alrededor bebió tanto y tanto, compraban las cervezas de dos en dos (a $5 el vaso) que, por supuesto, no podían menos que estar todo el tiempo entrando y saliendo por entre las filas para ir al baño, imagino.
Y finalmente, según se fue encendiendo el ambiente, para cuando llegó “La maza” casi todos los brazos de la gente de arena estaban con celular en alto, grabando, transmitiendo, retratando... y para cuando eso pasó ya no pude despegar la vista de la pantalla. A través de ella hasta le podía leer los labios al verdadero Silvio.
Qué estúpida fui. Esperé trece años para ir, después de todo, a ver a Silvio en un estadio gigante, cachendoso, con aire y carísimo. Quizá habría sido mejor esperar unos cuantos más y verlo en el Cholo García. Tal vez habría pagado $25.00, hubiera comido pinchos y nadie me habría tapado la vista. Con toda seguridad hasta habría visto al Indio de los juegos bailar!
P.S Dos cosas me salvaron el concierto: la insuperable presentación, esas letras, la música, su voz... y un choliseo abarrotado de gente joven que se sabía sus canciones. Impresionante y ¿esperanzador? ¡Dios quiera!


Jajajajaja...
ResponderSuprimirEs la mejor reseña que he leído de un concierto, que uno PAGA, en Puerto Rico...
Por eso, le huyo hasta a los cines, y si voy lo hago en verano para entrar a la primera tanda, que casi no tiene espectadores. Mis padres me cuentan que en su época existían los cines que tenían ujieres estrictos, y los llamados "meaítos", donde algunos títeres se orinaban detrás de las cortinas para no perderse partes de la película por ir al baño. Claro, los "meaítos" eran más baratos.
Aquí la gente que va a los conciertos se cree que va a una fiesta patronal, y parece que entienden que el pagar implica hacer lo que le de la gana...
Lo de los "gorditos"... a veces se diseñan los lugares como si TODOS fuesen FLACOS. Por ejemplo, los japoneses se creen que porque son chiquitos, sus carros son para enanos. Y los que diseñan los estacionamientos de los centros comerciales pintan las rayas para carros compactos...
La culpa no es de los gorditos, ni de los altos, ni de los carros grandes, sino de los esmaya'os que quieren ganar billetes a costa del hacinamiento. Mira a ver si en tu casa, cuando vas a ver televisor, no te buscas un lugar GRANDE Y CÓMODO para sentarte o acostarte...
Se me olvidaba... A algunos "famosos" cantantes, que rompen record de asistencia y abren tres o cuatro funciones más para su concierto, se les olvida que la voz es un INSTRUMENTO que tiene sus límites, y que tanto cantar, tan corridito, AFECTA LAS CUERDAS VOCALES, y como parte del show, ponen a cantar a la gente cuando no les sale la voz, o gritan: "PUERTO RICOOOOO..."
ResponderSuprimirMejor es comprar un disco... que ir a uno de estos conciertos...
En cuanto al diseño de los lugares para espectáculos, no entiendo eso de poner sillas cerca le templete, todas al mismo nivel...
ResponderSuprimirLos griegos, cuando hacían teatro, diseñaban los anfiteatros de una forma semicircular, donde la escena estaba en un lugar inferior y los espectadores se colocaban en filas hacia arriba.
Si observas el coliseo gallístico de Isla Verde, notarás que los espectadores están colocados arriba del centro donde pelean los gallos. A la larga, existen edificaciones QUE NO SIRVEN PARA ESPECTÁCULOS DE CONCIERTOS, y en otros países como España y México, los lugares para corridas de toros son mejores que los coliseos para cantar, o en México, las galleras...
De acuerdo con todo. Hasta he pensado que es una cosa generacional. Los conciertos que normalmente he ido siempre(eso incluye mi adolescencia) son en teatros de pueblo o en Bellas Artes. NO me acostumbro a ese concepto de estadios convertidos en salas de "concierto".
ResponderSuprimirEn cuanto a los "gorditos" no es por eso exactamente que molestaban sino por los arrumacos constantes. Si son de mayor humanidad la visibilidad es menorrrrr. Hubiera sido lo mismo si hubieran sido altos en vez de obesos.
Tienes mucha razón cuando dices que oír un disco es mejor por muchas razones. Pero he disfrutado tanto, tanto, otros conciertos; por ejemplo: el de Mercedes Sosa en Bellas Artes y la última vez que vino Inti Illimani. No recuerdo un concierto más maravilloso que ése.
La que era mi esposa era loca con Silvio. Me imagino ella estaria alli, jaja Yo algunos veces prefiero ver algunos concierdos en DVD para evitarme un ataque al corazon con tanto desconsiderado! Saludos!
ResponderSuprimirLamentablemente la convivencia no es fácil en estos tiempos.
ResponderSuprimirEnfogoná:
ResponderSuprimirYo me niego a:
1. ir al cine.
2. ir a cenar a un restaurante.
3. ir a conciertos
4. ir al supermercado
5. visitar los centros comerciales.
Excelente reseña
Sí, creo que así se nos torna la vida. Lamentablemente.
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